#R87: El efecto Diderot, o por qué no puedes parar de consumir
o cuando una compra te obliga a comprar más...
¿Te ha pasado que haces una compra del producto que sea (y creías tener bajo control) y esa compra te ha llevado a gastar más en compras adicionales?
Seguramente sí, y a mí también.
Tiene un nombre y se conoce como el Diderot Effect.
Recuerdo que me pasó cuando me inicié en la fotografía hace ya unos 15 años.
No tenia un duro, pero quería una cámara de fotos para mis viajes.
Lo que empezó como un gasto extra se convirtió en uno de los hobbies más caros que nunca tuve.
Venga a comprar fundas, mochilas de viaje, y, sobre todo, nuevos objetivos para poder hacer mejores fotografías.
Lo que empezó como una broma de 500 EUR, acabó superando fácilmente los 3.000-4000 EUR de equipamiento.
¿Qué fue lo que activó todo ese deseo de compra?
Pues eso es lo que viene a explicar el efecto Diderot. Es algo así como que cuando inicias la primera compra, al tiempo te parece que todo lo que lo rodea no está al nivel, y claro…quieres más, y mejor material.
Fue el filósofo Denis Diderot, que recibió un batín elegante y, tras ponérselo, decidió renovar todo su entorno para que el batín “encajara”.
Un producto que rompe la armonía te empuja a comprar más para poner el resto a su nivel. Una compra lleva a otra, y al final te encuentras en una espiral que consumo loco que te deja el bolsillo tieso y te da más dolores de cabeza que otra cosa.
Por eso, hace años que practico el desapego a lo material.
Ojo, eso no quita que posea producto y tenga cierto interés en ello, pero para que cumplan su función mientras sea necesario.
En el momento que me supone una carga material, fuera.
Lo hago por mi salud mental ya que tiene consecuencias claras:
Psicológicas (esa sensación de insatisfacción permanente: siempre te falta algo).
Económicas (más gasto, menos ahorro).
Ambientales (más producción, embalaje y residuos).
Yo he llegado a sentir las tres. No me lo debía de permitir económicamente hablando, mi satisfacción duró relativamente poco y no había techo en mejorar ese equipo de fotografía.
El mensaje entre lineas es que, si a ti también te ha pasado, se puede controlar. Por supuesto, desde el desapego a lo material.
No hace falta convertirte en monje ni renunciar a todo.
Las reglas que me funcionario a mí fueron:
Preguntarme 2 veces antes de comprar: ¿lo necesito? ¿me hará feliz en X tiempo?
La regla de las 48 horas: si todavía piensas en ello pasado ese tiempo, entonces reevalúa. Muchas compras impulsivas se evaporan con un café.
Hacer listas reales: antes de entrar a una tienda o abrir una app, llevo una lista.
Valora lo que tienes: busca si ese producto tiene lugar en tu vida. Si ya no lo tiene, puerta y a Wallapó.
Desde entonces, desde que hago una compra X, no siento el efecto de la recompensa inmediata. No es que haya que eliminar el deseo; es que merece una pausa y un filtro.
Digamos que cada vez compro menos cosas materiales y más activos que conserven valor.
¿Será que me estoy haciendo mayor?
Lo que te acabo de contar es, prácticamente, la base del consumismo moderno. Los seres humanos buscamos instintivamente la coherencia. Nos gusta que nuestra identidad y nuestras pertenencias formen un conjunto armónico.
A menudo se explica que compramos no por necesidad real, sino para intentar llenar vacíos emocionales o proyectar una imagen idealizada de nosotros mismos.



Bastante curioso y bien argumentado!!!